14/4/18

Evaluación De La Validez De Declaraciones En Causas Por Abuso Sexual De Menores (Cámara Gesell)



La evaluación de la validez de las declaraciones SVA (Statement Validity Assessment) es la técnica más empleada para evaluar la veracidad de las declaraciones verbales y fue desarrollada para valorar las declaraciones verbales de los niños que habían sido víctimas de abuso sexual.

El SVA está formado por tres componentes que son:

1) Entrevista estructurada con la víctima

2) El Análisis Del Contenido Basado En Criterios CBCA que evalúa el contenido de la declaración

3) La integración del CBCA con la información de un set de peguntas denominada lista de validez.

De esta manera, el CBCA se aplica al contenido de la declaración para determinar si su calidad y contenidos son indicadores de una narración generada a partir de registros de memoria o si son producto de la invención, la fantasía o la influencia de otra persona.

Debido a las frecuentes falsas denuncias por abuso sexual que algunos padres realizan en contra del otro con la finalidad de apartarlos de los hijos, es importante que se apliquen técnicas destinadas a la evaluación de la validez de las declaraciones.

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31/3/18

Pericias Psicológicas a Imputados por Abuso Sexual


En las pericias psicológicas realizadas a supuestos abusadores sexuales frecuentemente se pregunta a los profesionales si el examinado "presenta desviación en la esfera de la libido con el fin de corroborar de tal forma, si su aspecto psicológico deviene compatible a la de una persona abusadora", "si presenta perfil compatible con los hechos que se ventilan en la presente causa", "si presenta trastornos en la esfera psicosexual".

Existen muchas clasificaciones y todas establecen variadas clases de abusadores que van desde los impulsivos que muestran una mínima o inexistente planificación hasta los pederastas ritualistas que evidencian un importante nivel de planificación que conduce a montar el escenario en el que puede llevar al acto sus fantasías; o diferentes clases de pedófilos que van desde aquellos que se sienten atraídos por los menores y mantienen sus impulsos en la fantasía hasta aquellos que utilizan recursos de seducción, manipulación, amenazas y/o violencia, como así también aquéllos cuya práctica abusiva puede conducir al homicidio de la víctima con la finalidad de ocultar el acto delictivo.

Aunque no existe un “perfil psicológico” que sea concluyente, los autores coinciden en señalar algunas características tales como una baja autoestima que es compensada por medio del poder y agresión sobre la víctima, disfunciones sexuales con parejas adultas, inseguridad sobre su rendimiento sexual, incapacidad para relacionarse con mujeres adultas, incapacidad para tolerar el stress y baja tolerancia a la frustración,  inestabilidad, inmadurez, personalidad introvertida y solitaria, etc.

Las clasificaciones DSM incluyen a la Pedofilia dentro del grupo de las Parafilias como uno de los Trastornos Sexuales y de la Identidad Sexual, pero ni esto ni los criterios diagnósticos nos dicen mucho que nos sea útil a la hora de responder con fundamento a los puntos de pericia habituales sobre las características del imputado.

De acuerdo a la teoría y gnosología psicoanalíticas hay tres estructuras clínicas que son la Neurosis, Psicosis y Perversión Para el psicoanálisis las estructuras son excluyentes y esto es lo mismo que decir que el diagnóstico va a ir más allá de la fenomenología, ya que no va a limitarse a una suma de signos y síntomas aún cuando éstos sean también considerados al momento de formular y fundamentar un diagnóstico.

Tal vez podamos convenir con los lectores que al hablar de una escena en la que se pone en acto una fantasía que determina una condición erótica particular y distintiva en la elección de la víctima, también estamos hablando de Perversión. La repetición idéntica sobre una serie de víctimas en la que se evidencia una certeza respecto del goce por parte del victimario establece una diferencia con el acto psicótico y con la neurosis.

De acuerdo a ello, obtener en la evaluación del examinado un protocolo Rorschach sin un predominio de C, m, CF, o abundancia de localizaciones S, adecuadas respuestas de M, contenidos H, fenómenos de shock, respuestas de K, etc., o adecuados resultados y proporciones en el Sumario Estructural si la técnica se evalúa por el sistema Exner, orientan hacia un diagnóstico de estructura que resulta incompatible con el de un sujeto que ponga en la escena el acto perverso para el que, conductualmente, debe superar las tres conocidas barreras que implican los inhibidores internos, los inhibidores externos y la resistencia de la víctima.


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7/2/18

Daño Psíquico: Acerca De Los Resultados De Las Pericias Psicológicas


Cuándo una pericia psicológica está correctamente realizada?

Desde el punto de vista técnico una pericia es adecuada cuando el dictamen posee fuerza probatoria, la cual será estimada por el juez teniendo en cuenta la competencia del perito, los principios científicos o técnicos en que se funda, la concordancia de su aplicación con las reglas de la sana crítica, las observaciones realizadas por los consultores técnicos o los letrados, y los demás elementos de convicción que la causa ofrezca.
Desde el punto de vista práctico, una pericia o una evaluación realizada por un consultor técnico es adecuada si arroja como resultado un diagnóstico y un porcentaje de incapacidad que resulta coherente con el hecho motivo de litis.
Cuando un perito en un dictamen afirma que un determinado evento dañoso, no ha producido secuela psicológica alguna en el peritado, o cuando atribuye la totalidad de la sintomatología observable a una patología preexistente, todos sospechan que hay algo que no está bien.
A partir de aquí hay poco tiempo para que los letrados presenten un pedido de explicaciones y esto hará aún más difícil lograr la designación de un nuevo perito y un nuevo dictamen. La prueba fue producida, el resultado desfavorable a la parte, no hay mucho más que hacer.

No es posible saber exactamente qué resultados hubieran sido los correctos, pero sí es posible especular en términos de generalidades.
En un caso de accidente de tránsito u otro evento traumático, lo habitual hubiera sido alguno de los trastornos de ansiedad, es decir un trastorno por estrés postraumático, trastorno de ansiedad generalizada, trastorno de ansiedad no especificado, etc.
Habitualmente será de curso crónico, y la gravedad será moderada, y esto significa una incapacidad parcial y permanente de aproximadamente un 20-25% del V.T.O.; como así también un tratamiento sugerido de dos años de duración con una frecuencia de dos entrevistas semanales a razón de unos 350 pesos cada una con un profesional de mediana experiencia y renombre.
La existencia de un preinforme en el expediente abre los ojos del perito designado de oficio, y lo habitual es que no se aparte demasiado de los resultados que ya se encuentran en la causa en el momento de examinarla. Tal como se señala en otra publicación, muchos errores y omisiones posibles se evitarán, ya que la inscripción de estos datos en la memoria del profesional designado lo mantendrá alerta durante la administración y evaluación del psicodiagnóstico que conducirá a su dictamen. De la misma manera, preguntas susceptibles de evaluar manifestaciones clínicas de relevancia diagnóstica pueden ser involuntariamente omitidas por el perito, no obstante lo cual el examinado podrá recordar de su primera evaluación y muy probablemente proporcionará las respuestas dentro de la entrevista semidirigida que se le administre para la pericia.
Por otro lado, la presencia de un consultor técnico durante la evaluación realizada por el perito oficia como un incentivo para hacer las cosas bien, estar atento a los detalles, preguntar lo que tal vez en otra situación podría pasar por alto.
Sólo los abogados, y en menor medida los auxiliares que nos desempeñamos en las distintas especialidades en el ámbito judicial sabemos cuánto tiempo y esfuerzo se requiere llegar desde la demanda hasta la sentencia, un largo recorrido en el que asegurar cada prueba lo máximo posible proporciona la tranquilidad de saber que se han usado todos los recursos a favor del cliente y de uno mismo.


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23/1/18

Daño Psíquico: ¿Preinforme o Consultor Técnico?


Tal como se señaló en entradas anteriores, ambos recursos son de gran utilidad en lo que refiere a tratar de asegurar resultados correctos en la prueba pericial que va a producirse en una causa.
Un diagnóstico inadecuado o un incorrecto establecimiento de la gravedad y el curso del trastorno existente terminarán en un dictamen que no estará mostrando en el expediente la realidad de ese sujeto que es la víctima. Revertir el resultado de una pericia desfavorable no será una tarea sencilla ya que, aún cuando las observaciones que se puedan realizar tengan un adecuado fundamento, las conclusiones elaboradas por el perito oficial tenderán a prevalecer en virtud de que su designación supone una imparcialidad que no tiene la parte interesada en el resultado de la prueba. Aún en el caso de que las conclusiones no se encuentren debidamente fundadas, o en el caso de otros errores groseros y evidentes que hagan que la pericia oficial se tenga por no presentada, se devuelva al profesional y se designe un nuevo perito, el tiempo (procesal y real) que se perderá podrá también producir toda una gama de pérdidas posibles.
¿Preinforme o Consultor Técnico? Ambas opciones son válidas. Aún cuando las conclusiones a las que arribe el perito oficial designado tendrán, salvo raras excepciones, prevalencia sobre las conclusiones elaboradas por el consultor técnico y sobre las posibles objeciones de la parte que no ha resultado favorecida en el dictamen, ésto no representará un obstáculo si desde el inicio se tiene presente que la tarea fundamental es la de lograr que el perito designado arribe a conclusiones que reflejen claramente la realidad del peritado.

Para ello, probablemente, lo más adecuado es que el perito, en el momento de analizar el expediente, encuentre un estudio que le permita saber, con anticipación, lo que sucede en la psiquis del sujeto que debe examinar. No es lo mismo una evaluación realizada a un sujeto conociendo únicamente lo que se enuncia en el capítulo de los “hechos” de una demanda, que realizarla habiendo conocido el desarrollo y conclusiones de un psicodiagnóstico previo debidamente elaborado y fundamentado. Muchos errores y omisiones posibles se evitarán, ya que la inscripción de estos datos en la memoria del profesional designado lo mantendrá alerta durante la administración y evaluación del psicodiagnóstico que conducirá a su dictamen. De la misma manera, preguntas susceptibles de evaluar manifestaciones clínicas de relevancia diagnóstica pueden ser involuntariamente omitidas por el perito, no obstante lo cual el examinado podrá recordar de su primera evaluación y muy probablemente proporcionará las respuestas dentro de la entrevista semidirigida que se le administre para la pericia.
Podrán surgir algunas diferencias, principalmente originadas en el tiempo que haya transcurrido entre ambas evaluaciones, pero lo usual es que estas diferencias sean mínimas dado que por lo general se trata de cuadros clínicos de curso crónico y de pacientes que no han accedido a ningún tratamiento psicoterapéutico.
Si bien la fatalidad existe y la última garantía nunca puede tenerse en ningún ámbito de la vida, hay recursos disponibles que acercan la posibilidad de conocer la realidad de un sujeto que no debe ser víctima dos veces. La primera ya no puede evitarse; la segunda, relacionada con que pueda desconocerse lo que le sucede, sí.


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28/12/17

Estudio Confirma La Importancia De Aplicar El Protocolo Del NICHD En La Investigación De Víctimas De Abuso Sexual

La investigación realizada por Michael Lamb y Mireille Cyr, y publicada en 2009 en Child Abuse & Neglect (volumen 33, número 5), es el primero que se realiza sobre la efectividad del protocolo del NICHD en países donde el idioma no es inglés y por investigadores que no son los propios autores. Para el estudio se utilizaron 83 entrevistas realizadas por policías y trabajadores sociales siguiendo el protocolo, las cuales fueron comparadas con otras 83 para las que no se utilizó ningún tipo de protocolo.
Los resultados indican que las entrevistas “protocolarizadas” proveen información más precisa y relevante para la investigación (alrededor de 4 veces más), que aquellas no “protocolarizadas”. Las incitaciones al relato libre fueron 3 veces más comunes en estas entrevistas, mientras que las intervenciones dirigidas, con opciones o sugestivas fueron significativamente menos frecuentes. Además, las entrevistas “protocolarizadas” requirieron 25% menos preguntas del entrevistador para obtener la misma información. Este estudio, por lo tanto, al igual que otros anteriores, comprueba la utilidad de aplicar este protocolo en las entrevistas a menores víctimas de abuso sexual. 



Fuente:

Cyr, Mireille and Lamb, Michael (2009): “Assessing the effectiveness of the NICHD investigative interview protocol when interviewing French-speaking alleged victims of child sexual abuse in Quebec”, Child Abuse & Neglect, Volume 33, Issue 5, pp. 257-268.
http://www.cwrp.ca/publications/1407
  
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13/12/17

Accidentes De Tránsito: Trauma Psíquico y Repetición

En los casos de accidentes de tránsito puede verse con gran frecuencia que sobreviene a las víctimas todo un conjunto de alteraciones que dan cuenta de un traumatismo psíquico por el que el sujeto se ha confrontado con la posibilidad de su propia muerte o la de un semejante significativo para su vida.

Este conjunto de alteraciones incluye los fenómenos de reexperimentación, evitación y aumento de la activación, los cuales directa o indirectamente implican la repetición o el temor a la repetición del evento original con sus secuelas o con un desenlace fatal. La teoría y la clínica psicoanalíticas ponen en evidencia esta repetición y la fijación de la víctima al trauma: ha sobrevenido a la víctima una Neurosis Traumática, patología denominada como Trastorno Por Estrés Postraumático en las clasificaciones gnosográficas más actuales.

Resulta importante destacar que si bien este conjunto de manifestaciones de ansiedad, reacciones psicosomáticas y el intento del procesamiento del acontecimiento puede tener lugar tanto durante los sueños como durante la vigilia, el intento de elaboración psíquica también puede producirse, no ya por la vía simbólica, sino también “en acto”, y esto implica hablar de un incremento de la proclividad accidentógena de la víctima. Este fenómeno es capaz de conducir al sujeto hacia un nuevo accidente en lo real como intento fallido de tramitación del traumatismo original. Nos ocuparemos de esta posibilidad más adelante.

En diversos textos se define al trauma como una cantidad de excitación que excede la capacidad del sujeto para controlarla y derivarla psíquicamente y, respecto de las neurosis traumáticas, Freud señala que ante un suceso se produce una afluencia tal de excitación que el aparato psíquico no puede tramitar las excitaciones según el principio de constancia. Por este motivo, este aflujo de excitación obliga al aparato anímico a realizar una tarea que está más allá de este principio y que consiste en ligar la excitación de forma que sea posible la descarga. La repetición en los sueños en que el sujeto revive la situación traumática es atribuida a la compulsión de repetición.
También en este sentido, Henri Ey señala en su Tratado de Psiquiatría que los trastornos del sueño manifiestan a la vez el exceso de tensión que impide conciliar el sueño y la necesidad de expresión que da lugar a las pesadillas, las cuales consisten en la repetición de la escena traumática.

En el texto “Más Allá Del Principio De Placer” de 1920 Freud se aboca al estudio de los sueños traumáticos y se pregunta acerca del motivo por el que, si el sueño es una tramitación de deseo, conduzca al sujeto una y otra vez a la situación penosa. Los sueños traumáticos se caracterizan por surgir en personas que se han visto determinadas por una situación traumática como un accidente y en donde lo que se produce en el sueño es la repetición de ese suceso traumático. Dice textualmente: “la vida onírica de las neurosis traumáticas muestra el carácter de reconducir al enfermo una y otra vez a la situación de su accidente, de la cual despierta con renovado terror. El enfermo está, por así decir, fijado psíquicamente al trauma.”

De esta manera Freud dice que el sueño traumático es el que contradice la teoría acerca del sueño como realización de deseos, no sucediendo lo mismo con los sueños de angustia (pesadillas) en tanto aun cuando en estos la función del sueño está a punto de fracasar, el sujeto se despierta y esto opera como defensa ante la emergencia de lo traumático. De la misma manera, los sueños punitorios tampoco representan un obstáculo a la teoría, ya que en estos se sustituye la realización de deseos prohibida por el correspondiente castigo.
Estas diferencias marcan también importantes diferencias en la clínica en cuanto a la manera de trabajar con los sueños de angustia, equiparables a las pesadillas y los sueños traumáticos equivalentes a los pavores nocturnos de los niños.

Cuando se produce una emergencia de un sueño de angustia el sujeto asocia en análisis y por lo tanto se lo puede trabajar como cualquier otro sueño. La presencia de angustia insta al trabajo en análisis y puede verse que muchas veces el paciente está esperando el momento de la sesión para contarlo y elaborar esto que se presenta en su sueño. En el caso del sueño traumático no hay asociaciones, siempre aparece lo mismo: el sujeto lo refiere al accidente o a la misma situación soñada. Estos sueños son repetitivos y la posibilidad de trabajo es hacer hablar al sujeto sobre el accidente o la situación traumática vivida relatándolo con la mayor cantidad posible de detalles, que diga todo lo que le pasó, lo que pensó, cómo lo vivió, qué pasó con quienes estaban con él, y para lograr esto el analista deberá ir preguntando con la finalidad de hacer hablar al paciente. Este trabajo es, en definitiva, el de lograr la derivación de esa investidura a través de la palabra, un trabajo elaborativo similar al que se realiza en el caso de un duelo.

Pero en la primera parte de este trabajo mencionamos otra clase de repetición posible, una repetición en acto que involucra la motricidad, la acción, la escenificación del trauma en la vigilia y en la realidad de una víctima. Un traumatismo psíquico que no ha encontrado una vía de expresión y derivación por medio de la vía simbólica puede generar toda la gama de fenómenos de repetición posibles como intento de tramitación, entre los cuales no debe dejar de considerarse la posibilidad de nuevos accidentes, ya sean éstos mitigados de alguna forma o no, que conduzcan al sujeto a una nueva situación traumática, a un nuevo riesgo para su vida, y a un probable aumento de la gravedad del cuadro clínico postraumático existente.

Aquello que no puede tramitarse y derivarse por la vía de la palabra es susceptible de repetirse en acto. Freud utiliza el término “agieren” para estas repeticiones que involucran el cuerpo y la esfera motora, y Otto Fenichel plantea estas formas particulares de repetición en su texto sobre las neurosis.

La posibilidad de remisión de un trastorno postraumático siempre estará ligada a las posibilidades de simbolización, y por este motivo siempre es de importancia la asistencia psicoterapéutica a las víctimas de la forma más inmediata posible, lo cual es más que poco frecuente, ya que por lo general estos pacientes inician un tratamiento con un trastorno crónico y una sintomatología consolidada.

Cuando desde las partes demandadas y las aseguradoras se cuestiona a los peritos que indican tratamientos psicoterapéuticos prolongados, señalando que deben sugerirse tratamientos breves, lo que se hace en realidad no es otra cosa que limitar la palabra, el trabajo elaborativo y una adecuada derivación del trauma. En definitiva, lo que se termina por promover es el silencio, el acto y, por lo tanto, el renovado peligro.

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Bibliografía:
Freud, Sigmund, La Interpretación De Los Sueños, Obras Completas, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1990.
Freud, Sigmund, Más Allá Del Principio De Placer, Obras Completas, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1990.
Fenichel, Otto, Teoría Psicoanalítica De Las Neurosis, Paidós, Buenos Aires, 1990.
Rebagliati, Anahí, Depto. Psicología Clínica Universidad Kennedy, Buenos Aires, 1993.
Imbriano, Amelia, Depto. Psicoanálisis Universidad Kennedy, 1992.


14/11/17

Pedido de Explicaciones – Impugnación – Nulidad de la Pericia Psicológica

Una vez que el perito ha presentado su dictamen en el expediente, de oficio o a petición de parte el juez podrá ordenar que proporcione las explicaciones que considere necesarias.

Si bien el CPCC de la Pcia. De Buenos Aires no considera la posibilidad de impugnación, en el CPN el dictamen puede ser impugnado si el mismo no posee valor probatorio alguno.
La nulidad de la pericia se va a producir cuando, entre otros motivos, el dictamen no contenga una adecuada explicación de las operaciones técnicas realizadas y de los principios científicos en los que se fundan sus conclusiones.
En todos los casos debe tenerse presente que la mera discrepancia resulta insuficiente para hacer caer la fuerza probatoria de un dictamen pericial.
Con gran frecuencia puede verse en los expedientes que, ante un dictamen que resulta desfavorable, las partes formulan observaciones a las pericias y si bien esto es lógico y comprensible en el sentido de que las partes afectadas por tales resultados desean librarse de una prueba capaz de incidir significativamente en el monto de condena; y la buena praxis de los abogados implica defender los intereses de sus clientes, la constante es encontrar observaciones “genéricas” que por lo general revelan la ausencia de un profundo análisis del contenido de la pericia en cuestión.
El resultado es que casi la totalidad de estas observaciones son contestadas con gran facilidad por los peritos, convirtiéndose en un acto de mero trámite que, mientras sea cumplido dentro de los plazos procesales, conducirá a un “téngase presente” y finalmente no se producirá ninguna variación en el monto de indemnización por el rubro al momento de dictarse la sentencia.
Si bien no puede tenerse la certeza de que las observaciones derivadas de un adecuado análisis de la pericia vayan a proporcionar a la parte el resultado deseado, lo cierto es que cuando la formulación de cuestionamientos es efectuada con un apropiado asesoramiento técnico, muchas veces conduce a una modificación de los valores de incapacidad y/o costos de tratamiento, e inclusive puede ser determinante para que se resuelva designar a un nuevo perito.
La elaboración de un pedido de explicaciones constituye una tarea tan técnica como artesanal, muchas veces más compleja que la misma pericia, ya que implica un análisis de todo el proceso por medio del cual el perito designado arribó a sus conclusiones, como así también del diagnóstico, sus fundamentos, las técnicas de psicodiagnóstico que lo respaldan y le proporcionan la debida objetividad, la forma en que esas técnicas fueron administradas y evaluadas, las consideraciones relativas a la gravedad del cuadro clínico y el tratamiento que ha sido indicado, etc.
Cuántas veces a lo largo de los años los psicólogos hemos encontrado pedidos de explicaciones plagados de citas de conocidos textos de conceptos psicológicos de gran circulación en el medio judicial como el de Hernán Daray. La tarea de contestar el traslado de los mismos no representa gran dificultad, a veces casi podemos adivinar cada uno de los cuestionamientos posibles. Pero la psicología, la psicopatología y el psicodiagnóstico son mucho más que eso. Seguramente disponer de todos los recursos puede ser decisivo.


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11/10/17

El Diagnóstico de Trastorno por Estrés Postraumático en Casos de Mobbing o Acoso Laboral


En algunas ocasiones, los fenómenos de Mobbing producen en las víctimas del acoso una sintomatología compatible con un cuadro clínico de Trastorno Por Estrés Postraumático, pero en muchos casos el diagnóstico formulado en los dictámenes periciales termina siendo el de un Trastorno Adaptativo. Un obstáculo interpuesto por la clasificación DSM IV en el primero de los criterios diagnósticos para este trastorno parece ser insalvable, y la consecuencia inmediata es un dictamen que no refleja la realidad psíquica de la víctima ni el verdadero grado de incapacidad existente.
El Criterio A del Manual De Diagnóstico y Estadística DSM IV-TR y sus versiones anteriores determinan que la persona debe haber estado expuesta a un acontecimiento traumático en el que se han cumplido dos condiciones:
1- ha experimentado, presenciado, o le han explicado uno o más acontecimientos caracterizados por muertes o amenazas para su integridad física o la de los demás.
2- ha respondido con un temor, una desesperanza, o un horror intensos.
De esta manera, la primera de las condiciones determina que el trastorno sigue a la exposición a un acontecimiento estresante y extremadamente traumático, y donde el individuo se ve envuelto en hechos que representan un peligro real para su vida o cualquier otra amenaza para su integridad física; el individuo es testigo de un acontecimiento donde se producen muertes, heridos, o existe una amenaza para la vida de otras personas; o bien el individuo conoce a través de un familiar o cualquier otra persona cercana acontecimientos que implican muertes inesperadas o violentas, daño serio o peligro de muerte o heridas graves.

Aún cuando en una evaluación todo haga pensar en que la víctima padece este trastorno, la dificultad planteada por este primer criterio determinarán cuestionamientos al diagnóstico enunciado en el dictamen o harán más probable que el perito termine diagnosticando un trastorno de menor entidad.
Es sabido que no alcanza con sostener la existencia de una relación de causalidad entre un hecho y un daño psíquico sino que también hay que probarlo. Es con esa finalidad que se ofrece una prueba pericial, la cual debe proporcionar toda la información que sea relevante acerca del examinado, y esta realidad tiene un valor de verdad independientemente de los tecnicismos.
Desde el psicoanálisis sabemos que ninguna teoría o clasificación es absoluta y, si bien esto a veces parece ser un obstáculo infranqueable, también deja de serlo en tanto el profesional puede considerarlo solo como uno de los recursos disponibles.
Otra clasificación del mismo rango que el DSM IV es la CIE-10 de la O.M.S. y presenta algunas diferencias entre las que el aspecto más distintivo es la caracterización del acontecimiento traumático por medio de la descripción siguiente:
“acontecimiento estresante o una situación breve o duradera de naturaleza excepcionalmente amenazante o catastrófica, que causarían por sí mismos malestar permanente en prácticamente cualquier individuo”
Si bien es casi idéntica a la incluida en las clasificaciones DSM, la consideración de situaciones duraderas que causarían por sí mismas un malestar permanente en cualquier persona, marca una diferencia capaz de hacer más flexibles algunos límites establecidos por el mencionado Criterio A del DSM IV.
Como siempre, el análisis de cada caso particular proporcionará las respuestas acerca del diagnóstico adecuado y la forma de que los fundamentos tengan la consistencia necesaria para resistir cualquier cuestionamiento.
Puede entonces diagnosticarse un TEPT sin que se verifique la existencia de un acontecimiento traumático que tenga las características enunciadas en ambas clasificaciones?
El acoso moral en el trabajo es una vivencia amenazadora para la integridad de la víctima, porque el grupo acosador ataca repetitivamente los conceptos simbólicos vitales y porque los testigos mudos le niegan el apoyo social. La víctima vive en un estado de vulnerabilidad permanente de indefensión, desesperanza, miedo y angustia vital, con la particularidad de que este estado de vulnerabilidad ha sido creado en la víctima dentro del mismo entorno laboral.
Cómo sostener el diagnóstico y los valores de incapacidad no tiene una única respuesta. Parte importante de la estrategia del perito al fundar las conclusiones del dictamen será la elección de una clasificación gnosográfica y de las técnicas de psicodiagnóstico más adecuadas para ese caso particular.

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9/10/17

Mobbing - Acoso Laboral: Los 45 Indicadores de Leymann


Leymann: Inventory of Psychological Terrorization, LIPT.

A) Actividades de acoso para reducir las posibilidades de la víctima de comunicarse adecuadamente con otros, incluido el propio acosador:
1. El jefe o acosador no permite a la víctima la posibilidad de comunicarse.
2. Se interrumpe continuamente a la víctima cuando habla.
3. Los compañeros le impiden expresarse.
4. Los compañeros le gritan, le chillan e injurian en voz alta.
5. Se producen ataques verbales criticando trabajos realizados.
6. Se producen críticas hacia su vida privada.
7. Se aterroriza a la víctima con llamadas telefónicas.
8. Se le amenaza verbalmente.
9. Se le amenaza por escrito.
10. Se rechaza el contacto con la víctima (evitando el contacto visual, mediante gestos de rechazo, desdén o menosprecio, etc.).
11. Se ignora su presencia, por ejemplo dirigiéndose exclusivamente a terceros (como si no le vieran o no existiera).

B) Actividades de acoso para evitar que la víctima tenga la posibilidad de mantener contactos sociales:
12. No se habla nunca con la víctima.
13. No se le deja que se dirija a uno.
14. Se le asigna a un puesto de trabajo que le aísla de sus compañeros.
15. Se prohíbe a sus compañeros hablar con él.
16. Se niega la presencia física de la víctima.

C) Actividades de acoso dirigidas a desacreditar o impedir a la víctima mantener su reputación personal o laboral:
17. Se maldice o se calumnia a la víctima.
18. Se hacen correr cotilleos y rumores orquestados por el acosador o el gang de acoso sobre la víctima.
19. Se ridiculiza a la víctima.
20. Se atribuye a la víctima ser una enferma mental.
21. Se intenta forzar un examen o diagnóstico psiquiátrico.
22. Se fabula o inventa una supuesta enfermedad de la víctima.
23. Se imitan sus gestos, su postura, su voz y su talante con vistas a poder ridiculizarlos.
24. Se atacan sus creencias políticas o religiosas.
25. Se hace burla de su vida privada.
26. Se hace burla de sus orígenes o de su nacionalidad.
27. Se le obliga a realizar un trabajo humillante.
28. Se monitoriza, anota, registra y consigna inequitativamente el trabajo de la víctima en términos malintencionados.
29. Se cuestionan o contestan las decisiones tomadas por la víctima.
30. Se le injuria en términos obscenos o degradantes.
31. Se acosa sexualmente a la víctima con gestos o proposiciones.

D) Actividades de acoso dirigidas a reducir la ocupación de la víctima y su empleabilidad mediante la desacreditación profesional.
32. No se asigna a la víctima trabajo ninguno.
33. Se le priva de cualquier ocupación, y se vela para que no pueda encontrar ninguna tarea por sí misma.
34. Se le asignan tareas totalmente inútiles o absurdas
35. Se le asignan tareas muy inferiores a su capacidad o competencias profesionales.
36. Se le asignan sin cesar tareas nuevas.
37. Se le hace ejecutar trabajos humillantes.
38. Se le asignan tareas que exigen una experiencia superior a sus competencias profesionales.

E) Actividades de acoso que afectan a la salud física o psíquica de la víctima.
39. Se le obliga a realizar trabajos peligrosos o especialmente nocivos para la salud.
40. Se le amenaza físicamente.
41. Se agrede físicamente a la víctima, pero sin gravedad, a título de advertencia.
42. Se le agrede físicamente, pero sin contenerse.
43. Se le ocasionan voluntariamente gastos con intención de perjudicarla.
44. Se ocasionan desperfectos en su puesto de trabajo o en su domicilio.
45. Se agrede sexualmente a la víctima.


29/9/17

Las Pericias De Parte: Abuso Sexual En El Colegio "Medalla Milagrosa" - Parte II

Para continuar con lo que decíamos en la primera parte de este artículo resulta importante señalar que, al tratarse de una causa en la que las supuestas víctimas eran menores de edad, se imponen algunas limitaciones respecto de lo que puede publicarse. Por este motivo, evitaremos revelar cualquier información por medio de la cual sea posible identificar a cualquiera de ellos.

Para referirnos específicamente a las declaraciones de los menores en Cámara Gesell comenzaremos diciendo que la mayoría de las entrevistas fue administrada en forma adecuada, motivo por el cual adherimos a la metodología instrumentada por los peritos oficiales.

Muchas de las declaraciones no confirmaron los hechos que se habían denunciado, y por lo tanto también suscribimos en coincidencia muchos de los informes presentados por los peritos oficiales designados. Nuestros informes ampliatorios tuvieron, en estos casos, la finalidad de proporcionar la mayor consistencia a las conclusiones vertidas en los dictámenes.

En otras declaraciones, tal como era esperable, nos encontramos con relatos diferentes, ya que los mismos comenzaban confirmando los actos exhibicionistas y abusivos que se habían denunciado, pero luego, ante preguntas tan simples, genéricas y neutras como “¿vos lo viste?, ¿vos lo escuchaste?, y similares, la respuesta de algunos niños era “no, me lo dijo mi mamá” o “me lo contaron mi mamá y mi papá”.

De esta manera resultaba evidente la existencia de una influencia de terceros en los relatos que proporcionaban algunos de los menores. Estas narraciones se mostraban como una consecuencia de evaluaciones e interrogatorios tan prolongados y repetidos como inadecuados. En algún caso también aparecían palabras que implicaban el uso de metáforas y simbolismos que excedían las capacidades propias del estadio evolutivo en el que se encontraban estos niños. Así es que, al ser interrogados por el significado de estos términos, las respuestas daban cuenta de una incomprensión que era normal para la edad. En estos casos nuestra tarea fue la de incluir en los informes un completo análisis del relato por medio del S.V.A.-C.B.C.A., destacando que la narración no cumplía con ninguno de los criterios de realidad de la técnica.

Algunos otros niños proporcionaron una declaración que incluía contenidos completamente inverosímiles y contrarios a toda lógica. Algunos relatos se encontraban impregnados de contenidos provenientes de la fantasía, y en otros nos confrontábamos con la posibilidad de fabulación: al profesor lo habían matado.

Se podía suponer que una eventual fabulación no iba a ser señalada por ninguno de los peritos oficiales, de manera que en algunos de estos informes fue necesario explicar con suficiente claridad lo que podía observarse respecto de estas narraciones. En este punto creo que es importante recordar al lector los siguientes conceptos y definiciones:

El destacado Jean Piaget indica que las “Respuestas Fabuladas” son una de las posibles clases de respuestas proporcionadas por un niño en una entrevista, caracterizadas porque son aquellas respuestas que el niño, sin reflexionar, contesta inventando una historia en la que no cree; a la vez que sostiene que antes de los 6 años, el niño no distingue entre mentira, actividad lúdica y fabulación. Lentamente, después de los 8 años, la mentira adquirirá su dimensión intencional. Entre estas dos etapas, con prevalencia de la actividad lúdica, de la fabulación y de la imaginación antes de los 6 años y la mentira intencional después de los 8 años, se sitúa un período en el que lo verdadero y lo falso son percibidos, pero en el que la mentira se confunde con el error.

Por su parte, el Dr. Néstor Stingo cita en su “Diccionario de Psiquiatría y Psicología Forense” los siguientes conceptos en la definición de la fabulación: “…Dupré denominó fabulación infantil a la creación espontánea imaginativa, seguida del correspondiente relato de acontecimientos o episodios novelescos que el menor efectúa con natural aplomo ante el auditorio familiar, escolar o judicial sin finalidad utilitaria y por exclusiva vanidad. En todos los menores existe una cierta dosis de fabulación fisiológica, que en los primeros años se observa con la creación de un amigo imaginario o los relatos de la vida cotidiana que adornan con singulares y peculiares argumentos imaginativos. Este tipo de actividad mítica va despareciendo paulatinamente a medida que se instala la capacidad judicativa, que tiene lugar a los 7 u 8 años de edad. Si dicha actividad persiste en la adolescencia y la edad adulta, estamos en presencia de la mitomanía, en la cual siempre existe un fin utilitario y es permanente…”

Habíamos comenzado diciendo que la mayoría de las entrevistas había sido administrada en forma adecuada, pero no podemos dejar de señalar que no faltaron algunas en las que no nos fue posible estar de acuerdo con la metodología utilizada. En ellas se podía ver que se introducían contenidos que no habían sido mencionados por el menor y preguntas que se repetían aun cuando el niño ya había respondido. Sabemos que esto puede conducir a que un menor cambie su respuesta por suponer que no proporcionó la “correcta” o la que el adulto espera de él. Así lo señalamos en nuestros informes y formulamos las críticas necesarias acerca de la metodología aplicada por el perito oficial.

Tal vez algunos lectores se hayan preguntado acerca de las conclusiones de los peritos de parte de la querella. Respecto de ello diremos que estas designaciones fueron la excepción, ya que para la mayor parte de las presuntas víctimas no se propusieron peritos de parte.

No obstante ello, en algunos de los casos encontramos análisis y conclusiones que no pudimos dejar de considerar como altamente sesgadas. Los fuertes indicadores de una influencia de terceros en la construcción de algunos relatos, los antecedentes de interrogatorios que se prolongaron durante largas horas, sin la utilización de protocolos destinados a la investigación de víctimas de abuso y sin la asistencia de profesionales capacitados para aplicarlos, condujeron a una disidencia con las conclusiones de los otros peritos.

No podía encontrarse en ninguno de los informes que se hubieran analizado los contenidos de estas narraciones de acuerdo a los criterios de realidad del C.B.C.A., y un detallado análisis proporcionaba una conclusión diferente: el relato era inverosímil, y así lo manifestamos en nuestros informes.

Con respecto a las pericias psicológicas que se practicaron a los menores, en todos los casos coincidimos con la metodología de los peritos oficiales. Se realizaron entrevistas informativas a los padres, entrevistas a los menores, y se administraron técnicas de psicodiagnóstico adecuadas para la edad de las supuestas víctimas. Así es que los psicodiagnósticos incluyeron el Dibujo Libre, la Hora De Juego Diagnóstica, el CAT-A y, en algunos casos, también se utilizaron títeres.

Si bien no se evidenciaron indicadores de que los niños presentaran algún cuadro postraumático en ninguna de las técnicas, no faltaron algunas interpretaciones tan particulares como las que señalamos respecto de algunas Cámaras Gesell, tanto por parte del perito oficial como en las conclusiones del perito de la querella.

En virtud de ello, no sólo debimos plantear nuestra disidencia sino también formular observaciones sobre una conclusión que consideramos carente de todo fundamento:
por un lado se indicaba que se deben considerar los criterios de evaluación de credibilidad del testimonio, pero por otro lado podía verse que en el informe que cuestionábamos estos criterios no se habían aplicado.

Señalamos también una serie de contradicciones, como así también la narración de acontecimientos que, aun siendo inverosímiles, habían sido ignorados en esta característica por los otros profesionales. Cabe destacar que algunas de estas observaciones fueron incluidas en los fundamentos de la sentencia por la cual el imputado resultó sobreseído.

Nos resta referirnos a algo que enunciamos al comienzo de este artículo cuando hicimos un breve resumen de los acontecimientos. Más de una vez se había mencionado que algunos de los menores habían vivenciado los actos abusivos como un juego. Podía advertirse que uno de los efectos que se había producido a lo largo del tiempo, de las conversaciones, de las imágenes publicadas en las redes sociales, las asambleas, los mensajes por Whatsapp, etc., era un efecto de certeza.

¿Consideraban los denunciantes que existía la posibilidad de que en realidad no hubiera sucedido nada de lo que se había denunciado?
Podía inferirse que se consideraba que aquellos actos “tenían que ser la verdad”, ya que admitir una realidad diferente parecía suponer que los niños habían mentido.

Pero lo que nosotros encontramos no fueron “mentiras”, sino contenidos que habían provenido del entorno de los menores los cuales, en algunos casos, también habían incorporado elementos del mundo de la fantasía y/o de una fabulación normal para la edad y estadio evolutivo que se encontraban atravesando.

Para finalizar debemos destacar el peligro que representan las evaluaciones inapropiadas, los interrogatorios que se prolongan más allá de lo que puede concebirse en forma racional, las acusaciones apresuradas y los prejuicios.
Hay errores que pueden y deben evitarse porque tienen consecuencias. Si bien las redes sociales son útiles también pueden enredar; y las aplicaciones como Whatsapp proporcionan la posibilidad de una comunicación instantánea, pero en los casos como el que hoy nos ocupa hay que poder detenerse y pensar; detenerse y recurrir a los profesionales que pueden hacer una evaluación objetiva que permita arribar a un verdadero saber.


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