20/11/13

Epilepsias y Trastornos Mentales Transitorios Completos e Incompletos


Si bien el diagnóstico de una epilepsia en cualquiera de sus formas va a ser formulado por el perito médico que haya sido designado en la causa, los psicólogos no podemos desconocer las manifestaciones clínicas de esta enfermedad, ya que en muchos casos es susceptible de determinar la aparición de los episodios denominados como trastornos mentales transitorios.
Por lo tanto es importante recordar algunos de los conceptos que habitualmente se trabajan en las asignaturas de Neurobiología, Psicofisiología y Psicopatología de las diversas universidades, y considerando especialmente las alteraciones de la conciencia y los trastornos de conducta que pueden producirse. Para cualquier información que exceda el siguiente resumen remito al lector a la bibliografía de la especialidad.
Las epilepsias pueden definirse desde una vertiente fisiológica, neurológica y psiquiátrica.
La definición fisiológica señala que se trata de una descarga en masa de un grupo de neuronas cerebrales o de su totalidad afectadas de una sincronía excesiva.
La definición neurológica señala que se trata de las manifestaciones convulsivas derivadas de esta hipersincronía o sus equivalentes.
La definición psiquiátrica o psicopatológica señala que por una parte comprende los aspectos de desestructuración de la conciencia y por otra parte los trastornos de personalidad que se observan en relación a las crisis y accidentes comiciales.
Las Crisis Generalizadas incluyen el Gran Mal y el Pequeño Mal.
Las Crisis de Gran Mal se caracterizan por un coma brutal sin pródromos, es decir que no hay auras, no hay aviso previo a la crisis y por lo tanto cuando se produce la caída existe la posibilidad de que se produzcan heridas. Le sigue una fase tónica con un aumento del tono muscular, desplazándose el tronco y cuello hacia adelante, se contraen los músculos maceteros y esto a lugar a la mordedura de la lengua. Hay apnea respiratoria, cianosis, pupilas dilatadas y los reflejos oculares están disminuidos o abolidos.
Le sigue una fase clónica que se produce por agotamiento, aparecen contracciones rítmicas seguidas de relajación muscular, las cuales constituyen las convulsiones; y a esta etapa le sigue en período de relajación, luego el sujeto se va recuperando del coma, disminuye la midriasis, reaparecen los reflejos y el sujeto despierta cansado, dolorido, con cefaleas y una amnesia total de lo ocurrido.
Las principales diferencias que aparecen con las grandes crisis histéricas, más habituales en otras épocas, son que el gran mal epiléptico no tiene aura, la caída es brutal y con posibilidad de heridas, en la epilepsia la amnesia es irreversible porque no hubo inscripción, en la histeria no se produce el relajamiento esfinteriano, no se muerden la lengua, en la histeria el enfermo trata de mantener los ojos cerrados, las pupilas reaccionan a la luz y siempre hay alguien que mira al enfermo durante el ataque.
 Las Crisis de Pequeño Mal presentan manifestaciones clínicas que son las Ausencias, las Crisis Atónicas y las Mioclonías Bilaterales, que en su conjunto constituyen la Tríada de Lennox.
Las Ausencias son un breve eclipse de conciencia y se caracterizan por un comienzo y terminación bruscos. Al resolverse, el enfermo vuelve a una conciencia clara y continúa con la actividad que había suspendido, siendo esto un importante elemento para diferenciarlas de la interceptación de pensamiento, ya que en este último caso el paciente podrá hacer algo completamente diferente a lo que se encontraba realizando con anterioridad a la crisis.
Las Crisis Atónicas consisten en una supresión del tono muscular, y las Mioclonías son pequeñas sacudidas musculares, generalmente de los miembros superiores o inferiores.
Epilepsias Parciales
Son crisis siempre iguales a sí mismas con síntomas motores, sensitivos o sensoriales y no se producen importantes alteraciones de la conciencia salvo que se generalicen secundariamente.
En estos casos, las crisis comienzan como una epilepsia parcial pero luego se generalizan constituyendo el prototipo de la epilepsia psicopatológica ya que se producen trastornos profundos de la conciencia, actos automáticos y liberación de automatismos psicomotores.
Los fenómenos de la crisis parcial constituyen auras y al generalizarse pueden dar como resultado una crisis idéntica a la de gran mal o dar lugar a la aparición de equivalentes.
Las auras pueden ser vegetativas con dolores epigástricos, sintomatología vasomotriz con accesos de calor, frío, etc.; pueden ser sensoriales, como son las visuales con luces de colores, manchas, estrellas, relámpagos, visión de animales, etc.; pueden ser auditivas con ruidos, voces, zumbidos; pueden ser olfativas con olores a quemado o a podrido; psíquicas con sentimientos de extrañeza, pensamiento forzado, etc.
La actividad parcial puede dar lugar a equivalentes, es decir a automatismos o crisis psicomotoras. Cuando la sintomatología se limita a la equivalencia la expresión clínica consiste en una serie de trastornos de conducta con eclipse de conciencia denominados por Penfield como Crisis Psicomotoras, quedando el término automatismo para la observación que se hace del sujeto. Estos trastornos de conducta incluyen los automatismos ambulatorios y las fugas, en las cuales el sujeto puede realizar diversos delitos como homicidios, actos exhibicionistas, agresiones sexuales, incendios, etc.
La epilepsia puede dar lugar a diversos cuadros de desestructuración de la conciencia vigil, apareciendo estados confuso-oníricos que pueden durar horas o días y que se caracterizan por ansiedad, agitación o estupor, onirismo y delirios generalmente místicos, y pudiendo constituir por lo tanto un trastorno mental transitorio completo.
Pueden aparecer estados crepusculares en los que generalmente se producen muchas experiencias delictivas ya que en ellos se producen las fugas y estados segundos con una tendencia a la realización de actos violentos como homicidios, violaciones, acompañados de fenómenos de despersonalización, alucinaciones, onirismo, etc., los que son capaces de constituir un trastorno transitorio incompleto.
Antes de concluir esta nota, creo que resulta importante mencionar que los sujetos epilépticos pueden presentar toda una gama de alteraciones que exceden lo hasta aquí enunciado. Tales son, por ejemplo, los casos relacionados con las características de la personalidad epiléptica y la consideración de un trastorno orgánico de la personalidad, como así también los cuadros psicóticos y demenciales que, de alguna manera, puedan encontrarse asociados a la enfermedad aun cuando no se encuentren originados en la misma.

Lic. Germán G. De Stéfano 

Bibliografía:
Dr. Aldo Imbriano – Asignaturas Neurobiología y Psicofisiología – Universidad Kennedy 1990/1991
Dr. Ricardo Lindner – Asignaturas Psicopatología I y II, Universidad Kennedy, 1991/1992
Henri Ey – Tratado de Psiquiatría
Dr. Héctor Fischer – Epilepsias

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18/11/13

Mobbing - Acoso Laboral: Los 45 Indicadores de Leymann


Leymann: Inventory of Psychological Terrorization, LIPT.

A) Actividades de acoso para reducir las posibilidades de la víctima de comunicarse adecuadamente con otros, incluido el propio acosador:
1. El jefe o acosador no permite a la víctima la posibilidad de comunicarse.
2. Se interrumpe continuamente a la víctima cuando habla.
3. Los compañeros le impiden expresarse.
4. Los compañeros le gritan, le chillan e injurian en voz alta.
5. Se producen ataques verbales criticando trabajos realizados.
6. Se producen críticas hacia su vida privada.
7. Se aterroriza a la víctima con llamadas telefónicas.
8. Se le amenaza verbalmente.
9. Se le amenaza por escrito.
10. Se rechaza el contacto con la víctima (evitando el contacto visual, mediante gestos de rechazo, desdén o menosprecio, etc.).
11. Se ignora su presencia, por ejemplo dirigiéndose exclusivamente a terceros (como si no le vieran o no existiera).

B) Actividades de acoso para evitar que la víctima tenga la posibilidad de mantener contactos sociales:
12. No se habla nunca con la víctima.
13. No se le deja que se dirija a uno.
14. Se le asigna a un puesto de trabajo que le aísla de sus compañeros.
15. Se prohíbe a sus compañeros hablar con él.
16. Se niega la presencia física de la víctima.

C) Actividades de acoso dirigidas a desacreditar o impedir a la víctima mantener su reputación personal o laboral:
17. Se maldice o se calumnia a la víctima.
18. Se hacen correr cotilleos y rumores orquestados por el acosador o el gang de acoso sobre la víctima.
19. Se ridiculiza a la víctima.
20. Se atribuye a la víctima ser una enferma mental.
21. Se intenta forzar un examen o diagnóstico psiquiátrico.
22. Se fabula o inventa una supuesta enfermedad de la víctima.
23. Se imitan sus gestos, su postura, su voz y su talante con vistas a poder ridiculizarlos.
24. Se atacan sus creencias políticas o religiosas.
25. Se hace burla de su vida privada.
26. Se hace burla de sus orígenes o de su nacionalidad.
27. Se le obliga a realizar un trabajo humillante.
28. Se monitoriza, anota, registra y consigna inequitativamente el trabajo de la víctima en términos malintencionados.
29. Se cuestionan o contestan las decisiones tomadas por la víctima.
30. Se le injuria en términos obscenos o degradantes.
31. Se acosa sexualmente a la víctima con gestos o proposiciones.

D) Actividades de acoso dirigidas a reducir la ocupación de la víctima y su empleabilidad mediante la desacreditación profesional.
32. No se asigna a la víctima trabajo ninguno.
33. Se le priva de cualquier ocupación, y se vela para que no pueda encontrar ninguna tarea por sí misma.
34. Se le asignan tareas totalmente inútiles o absurdas
35. Se le asignan tareas muy inferiores a su capacidad o competencias profesionales.
36. Se le asignan sin cesar tareas nuevas.
37. Se le hace ejecutar trabajos humillantes.
38. Se le asignan tareas que exigen una experiencia superior a sus competencias profesionales.

E) Actividades de acoso que afectan a la salud física o psíquica de la víctima.
39. Se le obliga a realizar trabajos peligrosos o especialmente nocivos para la salud.
40. Se le amenaza físicamente.
41. Se agrede físicamente a la víctima, pero sin gravedad, a título de advertencia.
42. Se le agrede físicamente, pero sin contenerse.
43. Se le ocasionan voluntariamente gastos con intención de perjudicarla.
44. Se ocasionan desperfectos en su puesto de trabajo o en su domicilio.
45. Se agrede sexualmente a la víctima.


6/11/13

Acerca del Concepto de Emoción Violenta en Psicología Forense



Si bien nuestro Código Penal no considera la imputabilidad disminuida, el concepto de Emoción Violenta refiere a una figura jurídica que constituye un atenuante. Cuando la emoción llega a alterar el equilibrio psíquico y la conducta debe calificarse como violenta, ya que el episodio afectivo da lugar a una respuesta psicomotora producto de una inhibición de las funciones psíquicas superiores.
Las alteraciones que se evidencian resultan insuficientes para determinar un estado de inconsciencia que conduciría a establecer la inimputabilidad del sujeto por un trastorno mental transitorio como podría suceder en el caso de intoxicaciones endógenas o exógenas; reacciones anormales que pueden originar síndromes  confusionales determinados por la existencia de trastornos de la personalidad previos; los automatismos propios de epilepsias parciales que, en lugar de generalizarse produciendo una crisis análoga a la de gran mal, dan lugar a la aparición de equivalentes que pueden incluir estados crepusculares y confusionales y automatismos de larga duración y una amnesia consecutiva originada en el eclipse de conciencia, etc.
A pesar de ello, el indicador más evidente del acceso emotivo es el déficit en la fijación o en la evocación de los recuerdos que constituye una dismnesia respecto del hecho y que se manifiesta generalmente en la ausencia del registro del modo en que se produjo el mismo, pudiendo el sujeto evocar únicamente los momentos previos y aquellos posteriores al desenlace.
En este sentido, la evaluación del imputado también debe considerar que existe la posibilidad de que el sujeto tienda a rellenar las lagunas mnésicas para encontrar una explicación a lo que se le presenta sin palabras y sin imagen, aún cuando en algunos casos su narración de los acontecimientos de la impresión de que la comisión del delito se ha producido en un estado de plena lucidez, completa claridad de la conciencia y conservación del juicio crítico sobre el acto realizado.
Lejos de poder considerar en esta nota la totalidad de las variables que refieren a la evaluación psicológica del estado mental del imputado, resulta importante mencionar que si bien la figura de la emoción violenta exige un desencadenante, una irrupción de un estímulo que implica una lesión de bienes morales o materiales, este estímulo es siempre relativo ya que el efecto va a depender del disvalor que el sujeto le atribuya como consecuencia de su historia personal y no por un significado intrínseco.
De la misma manera, también deberán evaluarse la estructura y características de la personalidad previa del sujeto en cuestión, ya que aún cuando lo más frecuente es una respuesta inmediata, pueden producirse reacciones diferidas en los casos en que los escasos recursos simbólicos impiden la derivación y elaboración psíquica de un acontecimiento determinado, quedando el psiquismo en una inercia que termina quebrándose por la vía de la acción explosiva, sin que por ello se deba establecer que el tiempo transcurrido haya implicado la premeditación del ilícito.


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