29/6/16

Las Pericias De Parte: Abuso Sexual En El Colegio "Medalla Milagrosa" - Parte I

Trataremos en este artículo algunos aspectos relacionados con nuestra actuación pericial por la defensa de un profesor que fue imputado en una causa por el delito de Abuso Deshonesto.

En primer lugar haremos un breve resumen de la sucesión de los acontecimientos, cuya descripción también puede encontrarse en las publicaciones periodísticas y en algunos videos de varios canales de TV.

A mediados del mes de Agosto de 2014 el tradicional colegio “Medalla Milagrosa” de esta ciudad apareció conmocionado por un supuesto hecho de abuso sexual: Los padres de los alumnos del jardín de infantes señalaban a un profesor de educación física como el autor de reiterados actos abusivos cometidos en perjuicio de 25 niños de entre tres y cuatro años de edad.

La revelación de los supuestos abusos se había originado en un diálogo entre una de las alumnas y su niñera, para luego difundirse a los otros padres por medio de un mensaje de alerta vía Whatsapp. Este mensaje los instaba a interrogar a los niños acerca del profesor, quien había sido señalado como un abusador que realizaba actos exhibicionistas y promovía el desarrollo de juegos con connotaciones sexuales con los menores.

Los interrogatorios no se hicieron esperar, y los resultados no hacían otra cosa más que confirmar y ampliar el relato original. Así es que los abusos pasaron a incluir, en algún caso, amenazas y un golpe en la cara de uno de los niños; en algún caso también se sumaba una penetración digital anal; juegos en los que se invertían los roles entre los niños y las niñas; manoseos diversos; otros juegos con un sorbete con el que el niño debía tomar algo; además de que el profesor se bajaba los pantalones, indicando también alguno de los niños que también se bajaba la ropa interior.

Así como comenzaban a sucederse las respectivas denuncias en la Fiscalía, también comenzaba la difusión mediática del caso con largas entrevistas a los padres de los menores en canales de televisión, asambleas en el establecimiento, acusaciones hacia directivos y maestras del colegio, carteles pegados en las paredes del instituto, cortes de avenidas, difusión de imágenes del profesor en las redes sociales y en algunos canales de TV, daños a su vehículo, y algún familiar que también resultó intimidado en alguna oportunidad. Así fue que el imputado debió realizar varias denuncias en la jurisdicción de San Martín como consecuencia de ello.

El rápido avance del relato mediático también parecía agregar otros ingredientes: Se indicaba que el presunto abusador se encontraba prófugo, que se había rapado y afeitado la barba y que solía ser visto en las inmediaciones de una estación de ferrocarril. Al menos esto era lo que indicaban las investigaciones promovidas por algún padre, las cuales también revelaban que el imputado ya tenía varias causas por el mismo delito y que en realidad carecía del título de profesor requerido para el ejercicio de su actividad.

En un canal de televisión algún padre también señalaba que existían lesiones físicas en algunos niños, lo cual parecía proporcionar una mayor certeza al relato de los acontecimientos. Se indicaba también la existencia de un trauma en los niños, aclarando que sin embargo algunos lo habían tomado como un juego, argumentación sobre la que hablaremos más adelante.

Las denuncias realizadas contra el profesor habían determinado una orden de captura, pero la detención no se concretó como consecuencia de una oportuna apelación interpuesta por su abogado defensor. No obstante ello, a los pocos días, el imputado se hizo presente en la Fiscalía de Instrucción, sin que su cabello y barba evidenciaran ningún cambio reciente.

Se ordenó con urgencia la declaración en cámara gesell de los menores, que a esta altura ya eran 25, como así también pericias psicológicas y psiquiátricas. Para los casos en que se había denunciado algún tipo de acceso carnal y lesiones, se dispusieron también pericias médicas que serían realizadas por especialistas en ginecología.

Habiendo llegado a este punto, creo importante recordar lo que tratamos en un artículo anterior sobre la evaluación de menores víctimas de abuso sexual. En aquella publicación decíamos, esencialmente, que en muchas ocasiones las denuncias por delitos sexuales cometidos en perjuicio de menores de edad son realizadas como consecuencia de que el niño comunica los hechos de abuso a diversas figuras significativas de su entorno y no sólo a alguno de sus padres.

Así es que muchas veces comienzan de esta manera los múltiples interrogatorios que practican sus familiares, maestros, profesionales de los gabinetes psicopedagógicos escolares y, también en algunos casos, se realizan evaluaciones psicológicas por el profesional que pudiera estar a cargo del tratamiento psicoterapéutico del niño.

Con respecto a todas estas posibilidades, debe tenerse presente y en cuenta que los repetidos e inadecuados interrogatorios y evaluaciones son susceptibles de producir distorsiones de importancia que serán capaces de afectar notablemente la validez de la declaración del menor en el momento de relatar los acontecimientos a los peritos designados para su actuación en Cámara Gesell.

Las evaluaciones previas a las que se realizarán en sede judicial deben ser realizadas evitando repeticiones innecesarias, inducciones, preguntas sugestivas, promoviendo el relato libre del menor, siendo por lo tanto una tarea que requiere mucho más que una voluntad de saber por parte de las figuras del entorno de la supuesta víctima.

La validez de una declaración se relaciona con la inmediatez con que se toman los testimonios y se realizan las evaluaciones periciales, ya que los interrogatorios reiterados, las evaluaciones inadecuadas y hasta el pensamiento constante sobre los acontecimientos resulta en la disminución de las diferencias entre lo imaginado y lo efectivamente percibido y vivenciado. De más está decir que las evaluaciones inapropiadas también suelen conducir a conclusiones erróneas.

Así es que toda entrevista de evaluación preliminar no debe ser realizada por los padres del menor, ni por el terapeuta del niño, ni por los profesionales que integran el equipo psicopedagógico escolar. La entrevista que debe administrarse no tiene las características de una entrevista con fines psicoterapéuticos sino que debe realizarse conforme a un protocolo estructurado, como el Protocolo del NICHD, el cual fue elaborado específicamente para obtener el relato, libre de sesgos, de los menores víctimas de delitos sexuales.

De acuerdo a la Psicología Del Testimonio, las descripciones de eventos que han sucedido realmente difieren en contenido, calidad y expresión de aquellas otras que son producto de la imaginación, de la invención, de la sugestión, o de la inducción realizada por terceros.

En una próxima publicación trataremos los resultados más relevantes que se obtuvieron en las entrevistas realizadas en cámara Gesell y en las pericias psicológicas que se practicaron a las supuestas víctimas.
Para finalizar esta primera parte, adelantamos a los lectores que las pericias médicas no proporcionaron ningún signo o indicio de lesiones que fueran compatibles con las que se habían denunciado.



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27/6/16

Pericias Psicológicas: Sobre La Inclusión De Los Protocolos De Las Técnicas De Psicodiagnóstico En Los Informes Periciales

Con frecuencia se debate respecto de si deben adjuntarse a los informes periciales los protocolos de las técnicas de psicodiagnóstico que se han administrado.
Hay quienes sostienen, incluso algunas Asociaciones, que por cuestiones éticas esto no debe hacerse ya que, por ejemplo, los dibujos realizados por un examinado en los tests gráficos podría llegar a revelar información que excede el horizonte de la pericia, establecido por los puntos de peritación y los demás datos que resulten de interés para la causa.
Con respecto a esta afirmación, lo que puede decirse en primer lugar es que para ello el material proyectivo debería ser analizado por un profesional de la psicología con acceso al expediente y por lo tanto al anexo del informe pericial. En muchos casos, ya sea a petición del perito o de alguna de las partes, los protocolos de las técnicas y otros estudios médicos son reservados en la caja de seguridad del juzgado al ordenarse su desglose por el juez de la causa.
Por otro lado, no puede dejar de señalarse que ha sido el propio examinado quien ha ofrecido la prueba pericial y que las partes deben poder ejercer su derecho a examinar los resultados y analizar los procedimientos técnicos instrumentados por el perito para arribar a las conclusiones de su dictamen. Asimismo, el magistrado debe valorar la prueba y la metodología con que la misma fue producida a efectos de poder dictar una sentencia.
Sea cual fuere el criterio que adopte el perito respecto de esta cuestión, el común denominador será que siempre que no se adjunten los protocolos, a pedido de parte se lo intimará a presentarlos.
No obstante ello, el perito podrá solicitar que se reserve el material original en la caja de seguridad del juzgado, habitualmente en la Secretaría, para que los profesionales que intervienen en la causa puedan consultarlo.
Es importante destacar que, no pocas veces, cuando el perito adjunta este material aparecen también importantes elementos que permiten realizar pedidos de explicaciones, impugnaciones y hasta nulidades, debido a que las conclusiones del dictamen no se ven respaldadas por un análisis objetivo de las técnicas administradas.
Tampoco faltan los casos en que se encuentran elementos que permiten inferir una incorrecta administración de los tests, o que no pueden llegar a adivinarse de ninguna manera cuáles fueron los indicadores que permitieron al perito formular un diagnóstico, establecer una relación de causalidad entre el mismo y los hechos motivo de litis, y emitir un dictamen.
El perito debe saber que, tarde o temprano, más allá de que pueda existir alguna excepción a la regla, los protocolos de las técnicas aparecerán en el expediente y que tanto las partes como el magistrado deben poder saber, sin hacer la carrera de Psicología, de dónde pudo inferir el experto lo enunciado en sus conclusiones.
Esto se relaciona con otro tema controvertido: ¿Cuál es el formato más apropiado para un informe? ¿Un análisis realizado conforme a las recurrencias y convergencias que pueden encontrarse en la evaluación de las técnicas incluidas en la batería de tests administrada o un análisis detallado de cada uno de ellos para arribar luego a una conclusión diagnóstica final?
Aun cuando en los puntos de pericia muchas veces se exige un análisis test por test, cada profesional tendrá su propio estilo y nada puede objetarse sobre ninguna de las opciones siempre y cuando el resultado final sea comprensible para las partes y no sea un caos de información sin orden ni claridad en un caso, ni un texto cuasi-telegráfico en el que resulta imposible llegar a saber algo acerca del fundamento de las conclusiones formuladas.
No me extenderé demasiado respecto de otras cuestiones sobre el tema, las cuales tienen más que ver con una estrategia que siempre será particular y propia de cada profesional, pero a pesar de ello puede decirse algo que muchas veces se pasa por alto en la práctica aunque se lo mencione todo el tiempo en la teoría.
Un informe pericial no es lo mismo que un psicodiagnóstico clínico, una pericia es parte de un expediente en el que las partes cuestionarán y atacarán por medio de sus abogados toda prueba que resulte desfavorable a sus intereses. Y los abogados tienen la obligación de defender los intereses de sus clientes. Para eso son abogados y para eso los contratan.
No importa cuál sea la estrategia que decida elegir el perito, pero sí es importante que tenga una y que sepa por qué la eligió, ese por qué no puede ser “porque así me dijeron en la facultad” o “porque así lo dice tal libro”. Lo más probable es que en algún momento tendrá que defender su informe contestando cualquier pedido de explicaciones que se haya articulado al mismo, procurando sostener y afirmar las conclusiones de un dictamen que refleja la verdad real sobre el psiquismo de un sujeto, frecuentemente una víctima. No tener una estrategia podrá significar que, por meros tecnicismos provenientes de quienes sí la tienen, un acertado diagnóstico, un correcto valor de incapacidad, una adecuada estimación del tratamiento necesario, terminen diluyéndose y perdiendo toda consistencia, fracasando así la tarea de asesorar debidamente al juez que la ha encomendado.

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